Para el libro

10 08 2006

Un día cualquiera en la vida de nuestro protagonista:

Frank se acercó, como todos los calurosos días de verano, a matar la tarde en el centro comercial. Gente de todos lados rebuscaba ansiosa esa oferta de verano para contentar su astío veraniego, libros, videos y demás chucherías pasaban por las cajas ante la indiferente cara de las empleadas. No compró nada, todo lo tenía muy visto y solo se entretuvo en mirar a la gente y dejar pasar el tiempo.

Al salir, convencido ya de que esa tarde estaba perdida, se encontró de frente con Rosée y en ese momento se iluminó su cara y pensó que la tarde no estaba del todo perdida, Pero su querida amiga iba con compañía, mala suerte la mia -pensó Frank- y el beso en la mejilla y unas frases sin importancia fueron su fugaz encuentro. Ojalá pueda volver a verte, musito Frank, a la vez que se metía en su coche y se iba lentamente del aparcamiento.

Más tarde, la frugal cena, un partido sin importancia y el cuidado de sus plantas hicieron llegar la hora de dormir. Dormir, dormir… ,Frank temía más a esa parte del día que a ningún otro, acostarse le haría pensar en muchas cosas que no le apetecían. Quizás una copa antes de irse a la cama le harían relajarse, pensó él, y al instante se servia una vaso de su mejor wiskey.

Cuando el hielo agonizaba en su vaso y su cabeza notaba los sintomas de ese oro líquido, como él lo llamaba, se fué al dormitorio. Otro día más en la cuenta infinita, y se quedó profundamente dormido.

No es que sea una maravilla de pasaje, pero así voy desarrollando vocabulario y si no os gusta o le añadiriais/quitarias algo, ya podeis decirmelo.

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